Javier Pereira, director ejecutivo de América Solidaria: “Queremos que los jóvenes encuentren oportunidades y también un lugar desde el cual transformar su realidad”

El director ejecutivo de América Solidaria Uruguay repasa un año de crecimiento, explica cómo se conectan la educación, la salud mental y el empleo juvenil, y adelanta los desafíos para 2027. Para sostener ese trabajo, convoca a más personas y empresas a sumarse.


—¿Cómo ha sido 2026 para América Solidaria?
—Ha sido un gran año. Fortalecimos nuestra red de voluntariado, ampliamos el alcance de Concausa y profundizamos el trabajo en educación y salud mental. También creamos una red binacional de jóvenes entre Uruguay y México. Lo más valioso es que detrás de cada proyecto hay vínculos que se construyen y jóvenes que encuentran un espacio para participar, sentirse acompañados y desarrollar sus capacidades.


—Mencionás el proyecto Concausa. ¿Qué tuvo de especial esta edición?
—Fue una de las grandes alegrías del año. Participaron 18 grupos de adolescentes de 13 departamentos, que desarrollaron proyectos para responder a problemas de sus comunidades, con especial atención al bienestar emocional y la salud mental. Compartieron un campamento y presentaron sus iniciativas en la feria Impacto Concausa, en el Club de Golf de Montevideo. Para nosotros es muy importante abrir esos espacios: que los adolescentes puedan tomar la palabra, organizarse y comprobar que sus ideas tienen valor y pueden generar cambios.


—La salud mental aparece en varias iniciativas. ¿Cómo la están trabajando?
—A través del proyecto Accionadores por la Salud Mental dirigido a adolescentes llegamos a Paso Carrasco, Colonia Nicolich y La Paz, en Canelones, con espacios de encuentro, escucha y participación. Además, la red binacional Uruguay–México permitió conectar a jóvenes de ambos países para aprender juntos y construir propuestas. El primero proyecto fue en alianza con la Intendencia de Canelones y el segundo, con el INJU, la AUCI y la Secretaría de la Juventud del Estado de Querétaro. Trabajamos mucho sobre los vínculos y el cuidado entre pares: poder hablar de lo que nos pasa, reconocer cuándo necesitamos ayuda y encontrar personas y espacios de referencia.

—¿Qué avances hubo en la línea de continuidad educativa?
—Profundizamos nuestra alianza con Fundación 3F a través del proyecto Flores se Gradúa. Llegamos a más de 90 jóvenes del departamento de Flores para acompañarlos a retomar sus estudios y completar la educación media. Ese acompañamiento combina apoyos y alternativas educativas que contemplan situaciones distintas. Hay jóvenes que trabajan, tienen responsabilidades familiares o llevan tiempo fuera del sistema educativo. Necesitan opciones posibles para su vida y alguien que los acompañe a sostener el proceso. Para los próximos años, estamos proyectando convertir esta experiencia piloto en un programa de alcance nacional en alianza con las intendencias.


—Si tuvieras que elegir tres logros de este año, ¿cuáles serían?
—El primero es haber ampliado las oportunidades de participación adolescente, especialmente con Concausa. El segundo, haber implementado espacios para el acompañamiento educativo junto a 3F en Flores. Y el tercero, haber conectado el trabajo territorial en salud mental con una experiencia de intercambio internacional entre jóvenes. Nuestra red de voluntariado también atraviesa estos logros. Su compromiso es una parte fundamental de lo que hacemos y de cómo lo hacemos.


—¿Y cómo definirías a América Solidaria hoy? ¿Cuáles son sus principales énfasis o señas de identidad?
—Diría que somos una fundación que cree en las capacidades de los adolescentes y jóvenes, y que trabaja para que puedan desarrollar sus proyectos de vida, especialmente quienes enfrentan mayores dificultades y tienen menos oportunidades. Una seña de identidad es la participación y el protagonismo juvenil: queremos que los jóvenes tengan voz, propongan, intervengan en las decisiones y lideren iniciativas que transformen sus comunidades. Otra es el acompañamiento: construir vínculos de confianza, estar cerca y sostener los procesos. El voluntariado y el trabajo en alianza con otros son fundamentales para hacerlo posible. Hoy esa identidad se expresa en tres grandes líneas de trabajo: la continuidad educativa, la salud mental y el bienestar emocional, y el empleo juvenil. Son dimensiones conectadas que queremos abordar con los propios jóvenes, a partir de sus experiencias, inquietudes y aspiraciones.


—¿Qué es lo que más te gusta de América Solidaria?
—La posibilidad de encontrarnos con jóvenes de realidades muy distintas y construir algo juntos. Me entusiasma ver cómo van descubriendo sus capacidades, se animan a proponer y encuentran una causa que los moviliza. También me gusta que el voluntariado sea un espacio de formación y crecimiento. Quien se compromete con otros aprende a escuchar, a trabajar en equipo y a mirar su propia vida de otra manera. Esa experiencia puede dejar una huella muy profunda.


—¿Qué desafíos se plantean para 2027?
—Queremos consolidar lo que creció este año y darle continuidad. Estamos trabajando para llevar la experiencia educativa de Flores a otros departamentos, fortalecer las iniciativas de bienestar emocional y desarrollar una propuesta de formación y acción para nuestra red juvenil. Además, estamos preparando un proyecto ambicioso de empleo juvenil. Queremos conectar formación, acompañamiento y oportunidades de acercamiento al mundo del trabajo, junto con empresas y otras instituciones. El desafío es crecer con equipos, recursos y capacidad de acompañar bien cada proceso.


—América Solidaria fue muy conocida por su voluntariado internacional. ¿Qué lugar ocupa hoy?
—Es parte de nuestra identidad y queremos volver a impulsarlo. Estamos trabajando con INAU para que el voluntariado internacional pueda regresar el próximo año y contribuir al acompañamiento de adolescentes. Al mismo tiempo, fortalecimos una red de voluntariado en Uruguay que participa en nuestros proyectos y en la vida de la fundación. Queremos que ambas experiencias se conecten y se enriquezcan mutuamente.


—¿Cómo se financia todo este trabajo?
—Tenemos cuatro fuentes principales: los aportes de socios y donantes particulares; el apoyo de empresas; los eventos de recaudación; y los fondos que obtenemos mediante proyectos que presentamos a organizaciones nacionales e internacionales. Cada una cumple un papel importante. Los aportes sostenidos nos permiten planificar, mantener los equipos y dar continuidad al acompañamiento que necesitan los jóvenes.


—¿Qué hace falta para concretar los planes del próximo año?
—Necesitamos que más personas y empresas se sumen. Hay proyectos, aprendizajes y una red comprometida, pero para sostener y ampliar ese trabajo precisamos recursos. Acompañar implica contar con profesionales, formar y cuidar a los equipos y voluntarios, llegar a los territorios, cubrir traslados y materiales, y estar presentes durante el tiempo que cada proceso requiere. Invitamos a hacerse socios, realizar una donación o construir una alianza con la fundación. El apoyo sostenido nos permite asumir compromisos y sostenerlos en el mediano y largo plazo.


—Para quienes quieran colaborar, ¿cuál es la próxima oportunidad de sumarse?
—El próximo 16 de diciembre tendremos una función solidaria de El Cascanueces, en alianza con el Ballet Nacional del Sodre, en el Auditorio Nacional del Sodre. Es una oportunidad para disfrutar de un gran espectáculo y apoyar nuestro trabajo con adolescentes y jóvenes. También invitamos a las empresas a acompañar esta iniciativa. Queremos que sea un encuentro para celebrar lo construido durante el año y reunir fuerzas para lo que viene.

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