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Somos jóvenes profesionales, utópicos, solidarios y apasionados, y creemos profundamente en la libertad y la justicia, en el amor y en la humanidad. ¡Contemplamos el mundo aún con esperanza!

Ser voluntario no es entregarse sin fundamento ni horizonte a causas escasas de propósito, tampoco, se debería considerar como una pérdida de tiempo. Es realmente lo contrario, por eso, todos los que hemos pasado por esta maravillosa experiencia, queremos alzar la voz para que más personas se sumen y contribuyan, desde su quehacer profesional, a causas que requieren del sentir más profundo del alma.

Por ello, es oportuno indicar que ser voluntario es una forma de vivir, de pensar y repensar el mundo que habitamos. Es brindar una parte de nuestra vida, de lo que somos, al servicio de otras personas, en este caso, de los niños, niños y jóvenes que habitan en territorios o comunidades con graves problemas de desigualdad y violencia en Latinoamérica. Esa es sin duda nuestra misión y más grande motivación.

 

¡Creemos profundamente que los niños, niñas y jóvenes de América, serán los futuros líderes de cambio de sus territorios!

En este sentido, trabajamos para llevar a ellos metodologías pedagógicas, que permitan su empoderamiento y el fortalecimiento de sus capacidades. Necesidades que se han hecho evidentes en tiempos de pandemia, época en la que problemas como la desigualdad y las brechas sociales han dejado de ser invisibles.

En el continente resaltan, por su gran magnitud, los conflictos sociales y económicos que parecen llevarse consigo las oportunidades y enterrar a su población en la cúspide de un futuro incierto. Territorios donde los más jóvenes y adultos no tienen acceso a educación de calidad, ni a salud, ni gozan tampoco de su derecho a la participación ciudadana, y es justo allí, donde miles de jóvenes de diversas nacionalidades nos encontramos cada año, para aportar, desde nuestros conocimientos y nuestra propia humanidad, a la transformación de sus realidades.

Nuestra intensión no solo responde a expectativas personales, sino también, a la situación de esas realidades que vamos reconociendo en el camino (sociales y ambientales); así que preferimos definir este recorrido como una experiencia que transforma y enriquece el ser.

Porque si hay algo que celebrar con algarabía, es que no somos los mismos cuando regresamos a nuestros países o ciudades de origen, pues volvemos con más ideas, más capacidades, con nuevas metas, más humildes, solidarios, empáticos, decididos y conscientes de lo terrible que se puede llegar a ser, cuando se es indiferente. Volvemos para seguir transformándonos y transformando nuestro territorio, de cualquier manera posible.

La multiculturalidad, claro está, también cumple un papel fundamental dentro de la experiencia. El vivir lejos de casa unos cuantos meses y compartir espacios con jóvenes profesionales de diversos países, puede llegar a ser uno de los factores más motivantes e increíbles de todo este proceso. ¿Imaginan compartir los mismos ideales y propósitos, reconocer las diferencias, la riqueza individual y aprender acerca de otras culturas? Eso es reafirmar nuestra propia humanidad.

Así que ser voluntario o voluntaria, es conectarnos con nosotros mismos y aceptar nuestras debilidades y fortalezas, es corregir lo que no está bien en nuestro andar para así brindar lo mejor de nosotros a todos aquellos que nos confían unas horas de su tiempo, y agradecer siempre ese privilegio. Es ayudar con el corazón, fortalecer lazos familiares, consolidar relaciones y acerar desde lo más profundo, nuestro sentir solidario, necesario para fomentar y experimentar la transformación, la convivencia y la paz, y generar así mismo, acciones de cambio.

Son precisamente ese aporte social, la satisfacción que nos trae el sentirnos parte de algo, el poner a prueba nuestras capacidades, el aprender de la sociedad que nos rodea, y el mejorar nuestros valores y principios, lo que nos hace pensar que juntos podemos aportar a la construcción de esa paz y a esa igualdad que tanto necesita el mundo.

 

Por Luisa Fernanda Pérez Buitrago
Voluntaria profesional, América Solidaria, misión 2020.

 

* Este escrito es parte de los textos postulados al concurso “Leonor Villaveces: memorias del voluntariado”. 

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