Uruguay|

Ser mujer en Uruguay, me costó menos que ser mujer en Chile. Y por qué lo digo así, porque en el mundo aún dominado por el hombre blanco, eurocéntrico, sigue siendo difícil ser mujer, sobre todo en Latinoamérica. A mi sentir, me costó mucho menos ser mujer en un país como Uruguay, que en Chile. Pareciera que la mujer en Uruguay, a través del tiempo ha logrado empoderarse y reclamar con fuerza lo que merece, no por ser mujer, sino por ser persona, pavimentando así, el camino a las que llegamos de diferentes formas y maneras a componer espacios de construcción social.

Tuve la oportunidad de participar y trabajar en una oficina, que me hizo entender, de una forma que yo no conocía: la participación, espacio donde sentí que mis palabras eran escuchadas con respeto para ser conversadas y validadas con interés, haciéndome así parte de todo lo que se pudiera ser parte, desde mi rol. Recalco esto, porque pocas veces me sentí así en los equipos de trabajo que participe en Chile. Y es ahí, donde pienso y digo, la forma en funciona esta oficina, debe ser un fragmento de lo que es Uruguay, como nación.

Habitar y ser parte durante un año de un país que no es el que creciste, te interpela diariamente y en diferentes temáticas, una de las que me llamo profundamente la atención, es que por ser Chilena, sentía, tener un trato diferenciado, un trato bien. Muchas veces me pasó esto: “persona X: – Ese tono es diferente, ¿de dónde eres?- Con suspicacia y adelantando hipótesis de diferentes países de mi proveniencia, yo respondía: Chile, ¡Ha! Chile me decía la otra persona, mostrando un ademan de alegría y alivio, lejos de sentirme bien, pienso: en el mundo globalizado que supuestamente habitamos, aún impera un constante miedo a lo desconocido o a lo que creemos conocer, estigmatizando personas por nacer en un determinado territorio. Me paso con frecuencia también, mirado desde el ser mujer, este dialogo: – Te viniste a otro país durante un año – con cara de asombro- supongo que no tienes hijos o pareja – y ¿si los tuviera pensaba yo, habría algo de malo en ello? Respondía no claro que no, reforzando así ideas machistas, instauradas en nuestro inconsciente colectivo, para evitar tal vez alguna conversación/discusión de la cual no todos estamos preparados para dar, no por falta de conocimiento, si no por no querer abandonar legados machistas que nos atraviesan y que no nos damos cuenta y lo que podría ser una discusión constructiva de intercambio, termina siendo un enfrentamiento de ideas, buscando la supremacía de una sobre otra y es exactamente esto lo que, a mi parecer, no nos permite avanzar a una sociedad totalmente inclusiva y sana.

María Elena Sandoval Delgado.

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