Testimonios|

Mi experiencia en América Solidaria Haití ha sido preciosa, llevo casi un mes desde que llegué, y desde el primer momento que pisé el país todo se ha tratado de aprendizaje. Llegué con la mentalidad de ayudar y aportar en cambiar la vida de los niños y de las niñas, pero al poco tiempo descubrí que ellos son los que han cambiado mi vida. Ha sido intenso -no puedo negarlo- ver con mis propios ojos una realidad desconocida para mi, donde la pobreza, la falta de recursos tan básicos como el agua, la luz y derechos a la educación y salud, se pasan a llevar diariamente. A pesar de esto, Haití es un país de sonrisas, bailes, música en todos sus rincones, lo material pasa a segundo plano y su gente agradece la creatividad y la afectividad.

Hoy me encuentro trabajando como Terapeuta Ocupacional en la Escuela San Carlos de Borromeo, en un proyecto que está funcionando hace años para mejorar la calidad de vida e independencia de niños, niñas y adolecentes en situación de discapacidad. El primer día de trabajo recibí infinitos abrazos, besos ¡incluso aplausos! A pesar de no poder comunicarme fluidamente con ellos -producto de la barrera idiomática-, los niños, profesores y directivos tuvieron paciencia para entenderme y enseñarme; hasta el día de hoy sigo aprendiendo, sobretodo los niños y las niñas. 

Ya instalada comencé a evaluar y a planificar, creo que ese ha sido el momento más duro, me he sentido frustrada al darme cuenta que los objetivos de las sesiones de terapia son completamente diferentes considerando el contexto haitiano. Evaluando me dí cuenta que muchos necesitan ayuda y recursos difíciles de obtener; debo priorizar para definir quién es el que más necesita y ser creativa con los demás. 

Por esto es que me gustaría invitarlos a realizar donaciones, ya que si todos ponemos nuestro granito de arena podremos llegar a muchos más niños y niñas. Para finalizar quiero contarles que estoy muy contenta, esperanzada de que estos niños puedan tener una mejor calidad de vida gracias a America Solidaria Haití y los colaboradores que hacen que este proyecto funcione. Los niños y las y niñas son los más agradecidos de los juegos, terapias y dinámicas que día a día preparamos para ellos, mi pago como voluntaria se traduce en todas esas risitas y abrazos que recibo todos los días cuando llego a la escuela.

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Vanessa Archile Aguilar

 

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