Uruguay|

De las muchas maneras que podríamos definir a América Solidaria, me gusta mucho cuando nos definen como una organización que promueve la participación juvenil  e impulsa a los jóvenes para que sean protagonistas en sus comunidades. Pese a la breve  historia de la fundación en Uruguay  (apenas 6 años), nos hemos ido posicionando en el escenario de la sociedad civil uruguaya como una organización con capacidad de escuchar a los jóvenes, de acompañar sus sueños  y de hacerles saber que importan. O mejor dicho, que “nos” importan. 

Es algo que en los últimos tiempos hemos ido escuchando de los adultos, pero sobre todo, nos lo han dicho los jóvenes. Es que cuando alguien se siente escuchado, reconocido, y sobretodo, descubre que tiene talentos y capacidades para poner al servicio de su comunidad, pasa algo mágico, difícil de poner en palabras.  Es que al igual que los adultos,  los adolescentes también necesitan ser reconocidos, tenidos en cuenta, y valorados en su individualidad. Solo que es difícil poder expresar esta necesidad cuando se está en plena “pelea” con el mundo adulto, tratando de encontrar la propia identidad,  y queriendo tomar distancia de tantas contradicciones e injusticias que pululan alrededor. 

Nuestro trabajo en centros educativos de diferentes puntos del país (UTUs, liceos, CECAPs, centros juveniles) nos ha permitido conocer y encontrarnos con muchos educadores y docentes que logran generar esos espacios de auto-valoración y re-conocimiento, que invitan a los jóvenes a sacar lo mejor de sí y comprometerse con un proyecto que los motiva y que creen que vale la pena. En el fondo, se trata de docentes/educadores con gran capacidad de escucha, de observación y de empatía, capaces de suspender el juicio – al menos por un tiempo- para hacer lugar a la aceptación y la acogida del joven. Esto no es sencillo, pues requiere aprender a dominar el “deber ser” y las expectativas, para ir al encuentro del otro. Pero bueno, esa es la base de la experiencia educativa. 

Y esa es, también, la forma en la que desde América Solidaria queremos entender la participación juvenil y la que impulsamos en nuestro trabajo con los adolescentes. La participación no es un “juego de suma cero”, en donde cuanto más participan los jóvenes, menos participan los adultos.Todo lo contrario. La experiencia nos muestra que trabajar por la participación de los jóvenes -en un sentido amplio- requiere de un fuerte compromiso e implicación de los adultos.  No hay manera de habilitar a la participación y la co-responsabilidad, si no hay adultos dispuestos a encontrarse con los jóvenes y confiar en ellos. 

Entender la participación como “encuentro” supone la acogida del otro, libre de prejuicios y dispuestos a escuchar. Entender la participación como “encuentro”, supone reconocernos como diferentes e iguales, con derechos y deberes, cada uno con sus fortalezas, más allá de las diferencias de edad y de experiencia. Entender la participación como “encuentro” supone abrirnos a la posibilidad de transformarnos, pues seguramente, luego de ese encuentro, no volvamos a ser los mismos. 

Javier Pereira

Director Ejecutivo de América Solidaria Uruguay.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Close Search Window