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La pandemia lo transformó todo: cómo nos relacionamos, la forma en que trabajamos, e incluso agudizó muchas de las desigualdades que ya enfrentábamos. Pero no cambió la solidaridad ni el compromiso de cambiar las historias de cientos de miles de niñas, niños y adolescentes. 

Como muchas otras organizaciones, tuvimos que cambiar o adaptar nuestra forma de trabajo para seguir cumpliendo con nuestra labor, pues la situación de la niñez sigue siendo preocupante. Los problemas que han afectado a los niños, niñas y adolescentes por la pandemia son diversos, pero tres se repiten constantemente: salud mental, violencia y exclusión escolar, de acuerdo a una encuesta que realizamos a diversas organizaciones que trabajan con y por la niñez. Según la CEPAL, además, este año la pobreza infantil superaría los 80 millones de niños, niñas y adolescentes en nuestro continente. 8 millones más que a finales del año pasado.

Por todo lo anterior, y convencidos de que el trabajo colaborativo es la única forma de enfrentar los nuevos desafíos, creamos nuevos tipos de proyectos. Si bien mantuvimos nuestro trabajo y lo adaptamos para que funcionara remotamente, la pandemia nos empujó a crear nuevas formas para entrar a los territorios: los proyectos de emergencia. Estos consisten en un trabajo de cuatro meses, a través de profesionales voluntarios locales, enfocados en fortalecer programas que están impulsando instituciones que están trabajando con la niñez, y que abordan una de las principales urgencias que ha agudizado la pandemia: el rezago y la exclusión escolar en niños, niñas y adolescentes. 

El trabajo en conjunto y el que existan redes por la educación es  fundamental para expandir la atmósfera de educación, la convicción de  que esta es motor de cambio. Además de aportar inmensamente al sentido de comunidad que tanto construye . Es desde el encuentro donde  nacen las oportunidades, nuestra unidad , cultura desarrollo y nuevas visiones para seguir avanzando—dice Maria Jesús Valenzuela, coordinadora general de Salvemos el 2020, un proyecto que busca conectar remotamente a voluntarios con estudiantes de primero básico para acompañarlos en su proceso de aprendizaje. 

Esta organización es parte de nuestros nuevos aliados territoriales y trabajaremos en conjunto desde el 1 de diciembre de 2020 hasta el 31 de marzo de 2021. También se sumarán otras organizaciones, distribuidas a lo largo de todo Chile. Estas serán Súmate —trabaja en todo Chile a través de escuela de reingreso—, Fundación Isla Tenglo —enfocada en potenciar la educación en territorios insulares—, Ingeniería Sin Fronteras —ponen a disposición la ingeniería para resolver problemas en comunidades con alta vulneración— y la Corporación Educacional Paulo Freire, una red de escuelas de la cuarta región.  

Hemos avanzando mucho. A través del trabajo colaborativo y gracias a nuestr@s soci@s, ya sean los que donan mes a mes (pueden hacerse socios o socias en este link) o las organizaciones que apoyamos, hemos impactado en la vida de 7.692 niñas, niños y adolescentes durante 2020. Sabemos que juntos hemos cambiado historias, pero aún faltan muchas más. 

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