Uruguay|

Daniel Miranda integra el Directorio local de América Solidaria desde que la fundación se creó en 2013 en Uruguay y forma parte del primer grupo de personas que se sumó al gran desafío de constituir América Solidaria en Uruguay.

Trabaja como Gerente Regional de la iniciativa para América Latina y el Caribe de #tejiendoredesinfancia que se enfoca en el desarrollo y fortalecimiento de las organizaciones de la sociedad civil en el Continente y trabaja en 20 países de la región.

Daniel, te pedimos que te puedas presentar brevemente, para las personas que no te conocen. Cuéntanos de tu trabajo, tu formación, tu familia…

He trabajado desde siempre en el ámbito de la sociedad civil, primero en el que por aquel entonces se llamaba CIPFE (Centro de Investigación Franciscano y Ecológico), el cual brindaba a múltiples organizaciones alternativas un espacio de encuentro, reunión y servicios en los tiempos de salida de la dictadura cívico/militar en el país. Luego estuve trabajando en la Multiversidad Franciscana de América Latina como secretario de la misma, que buscó ser una alternativa popular al desarrollo de los movimientos sociales en el país. Posteriormente me vinculé a Aldeas Infantiles SOS en Uruguay y estuve trabajando 10 años como Director Nacional para Uruguay y también como enlace en abogacía e incidencia para América Latina en un importante proceso de apertura de la organización hacía afuera de la misma. Luego trabajé como Asesor del Directorio de INAU por dos períodos, especialmente en la creación, desarrollo y fortalecimiento del Área de Cuidados Parentales a nivel estatal. Actualmente retomé el trabajo internacional y soy el Gerente Regional para una iniciativa de fortalecimiento de sociedad civil en América Latina y el Caribe. Además, he trabajo con los colegas del Instituto de Cooperación y Desarrollo (ICD) en diversas consultorías de fortalecimiento de sociedad civil en especial en todo lo que tiene que ver con el Estándar Global para la Rendición de Cuentas de las OSC.

 

Cuéntanos, ¿Cómo fue que te incorporaste a América Solidaria? ¿Qué te atrajo a la fundación?

El proceso de incorporación a América Latina fue muy lindo, el cual recuerdo con mucho cariño, gracias a la invitación de Javier en aquel momento, donde comenzó a tener los primeros contactos sobre la idea y la posibilidad remota de instalar la fundación en Uruguay. Fueron momentos de muchas charlas, de la idea de cómo podría ser, contactos con Benito sobre la eventualidad de crear la organización en el país. En ese momento fuimos armando un grupo de amigos y amigas que acompañamos a Javier en esta idea de ir creando éste proceso en el país. Nos entusiasmaba mucho la idea de aquel entonces donde la propuesta se centraba en la cooperación internacional y en pensar en generar una red de jóvenes que acompañara procesos de construcción social en el continente, compartiendo e intercambiando saberes, pero también cultura y generando un compromiso latinoamericano. Así fue como empezamos a gestar el proceso y nos lanzamos en el apoyo de ser el primer directorio de América Solidaria en Uruguay, un proceso muy lindo del cual estamos muy contentos. Al poco tiempo de conformar el Directorio en Uruguay, por el 2013 tuve la oportunidad de visitar Haití, y pude conocer el trabajo de la fundación, así como los voluntarios que estaban trabajando ahí, dándome la posibilidad de compartir con ellos lo que hacían diariamente, una experiencia que hizo reafirma mi compromiso con la fundación en el país.

¿Qué aspectos del trabajo de América Solidaria te resultan más motivantes e interesantes?

Sin dudas el aspecto más motivante es la fuerte cultura del desarrollo de voluntariado juvenil, antes exclusivamente internacional y ahora incorporando el voluntariado nacional. La posibilidad de ser joven y sumarse a una causa que a uno lo motive, le genere pertenencia y a la larga vaya creando vínculos, amistades y contactos es fundamental para la vida de un ser humano. El creer que la sumatoria de voluntades, sueños, proyectos puede mover a muchos pequeños mundos donde les toca actuar sin dudas genera algo muy especial en cada uno de nosotros.

Verlos creer en eso, comprometerse, así como ver el crecimiento hace que a uno le resulte motivante el trabajo, porque es la única forma que se puede lograr comunidad, siendo a través de creer y sumarme al otro en proyectos comunes. Y viendo a los voluntarios internacionales y nacionales uno siente que eso se logra y genera sin dudas esperanzas de que muchos mundos nuevos son posibles.

 

Tu vienes del mundo de las políticas de infancia. ¿Cuál crees  que es el aporte principal que puede realizar AS en este campo?

El aporte creo de América Solidaria en el campo de las políticas sociales considero que podría ser la innovación social en el armado y presentación de nuevos modelos de intervención social en el territorio, más allá del foco de la política que abarque. El origen de la fundación ha sido innovador, y se necesitan propuesta innovadores, desafiantes y disruptivas que ayuden a crear alternativas en el desarrollo de las políticas de infancia, con una mirada regional, sin perder la perspectiva de lo que pasa en el Continente.

Esa mirada que incluye el voluntariado, en proyectos concretos de modificación de lo comunitario, con una estrecha participación de las familias, las y los jóvenes de la zona de influencia de los proyectos en los cuales se está trabajando es fundamental y así lo hace América Solidaria. Y eso se hace buscando socios que ya estén trabajando en el lugar y no generando nuevos espacios que luego en muchos de los casos se superponen y no terminan sumando.

 

¿Cómo ves la situación actual de las políticas de infancia y adolescencia en Uruguay?

Creo que a nivel de Uruguay hay un fuerte desarrollo de las políticas de infancia, eso sin dudas, tenemos buenas leyes que siempre son mejorables pero que han logrado un marco de derecho para las niñas, niños y adolescentes muy importante. Ha sido un proceso de construcción a lo largo de años que nos ha dado un buen marco, sin embargo, creo que aún hay mucho por trabajar, debemos de salir del discurso de derechos que muy ciertamente ha impregnado y para positivo a las organizaciones y organismos estatales pero que penosamente aún en muchos casos no han impregnado y cambiado las prácticas sociales a muchos niveles. El gran paso además sería pasar a la conformación de un Sistema Nacional de Protección de la Infancia, que rompa con la fragmentación de las políticas sociales en infancia, mejore la inversión en infancia y que presente un nuevo marco, así como nuevas formas de implementar las políticas sociales y sus prácticas en el territorio.

 

Sabemos que viajas mucho por proyectos de infancia, ¿Cómo ves la situación de Uruguay comparado con otros países?

 Es muy difícil hacer comparaciones en este sentido, porque la diversidad en la región es realmente muy grande, e incluso dentro de los propios países. Creo que en muchos países como lo mencionaba para Uruguay ha habido fuertes avances en la perspectiva de derechos para la infancia y adolescencia, todos los países han aprobado la Convención de los Derechos del niño (a excepción de Estados Unidos) y a partir de ahí elaborados Códigos de Infancia y algunos como México ya están cambiando su sistema nacional de atención. Sin embargo, siento que en muchos países aún falta el segundo paso igual o más importante que la aprobación de la ley, que es la implementación y regulación de las mismas. Ahí hay mucho por avanzar para que las leyes sean realmente hechos que afecten finalmente de forma positiva a las niñas, niños y adolescentes, en especial a la niñas, que son las más afectadas en nuestra región.

Daniel también forma parte de nuestra campaña: «Dale Voz a Sus Sueños», te invitamos a ver el siguiente video.

 

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