Uruguay|

En los últimos años, América Solidaria Uruguay se ha convertido – cada vez más- en una organización de jóvenes, con una estructura juvenil y con una mirada juvenil de la realidad. En el principio, nuestro modelo de transformación de la realidad (ahora conocido como “teoría del cambio”), estaba centrado únicamente en el trabajo de nuestros profesionales voluntarios. Poco a poco, nos fuimos dando cuenta, que había que apostar a las generaciones más jóvenes si queríamos ser más efectivos en lograr los cambios que queríamos ver en el mundo. 

Así fue como en 2016 nació el CONCAUSA, como un concurso continental para reconocer, visibilizar y premiar a aquellos adolescentes que  a lo largo y ancho del continente estaban impulsando iniciativas innovadoras de desarrollo sostenibles en sus comunidades. Fueron los mismos jóvenes quienes nos fueron planteando la necesidad de conocerse, de compartir sus experiencias y de celebrar la alegría de encontrarse. Y así nació la Jornada Nacional Concausa (2017) primero, y los campamentos educativos CONCAUSA después (2018 y 2019).

Las experiencias de los encuentros, las jornadas y los campamentos, fueron haciendo crecer el deseo en algunos jóvenes de involucrarse más, de ser parte de la estructura de la propia organización y así nacieron los voluntarios juveniles (2019), que hoy son más de 30 (2021). Cada  año invitamos a quienes han pasado por algún programa formativo de América Solidaria a postular para ser parte del grupo de voluntarios juveniles. Sorprendemente para muchos, son los propios jóvenes quienes participan del proceso de selección y realizan las entrevistas de quienes serán sus futuros compañeros. 

Pero la cosa no se quedó  ahí. Promover la participación y el protagonismo juvenil nos llevó a revisar nuestras propias prácticas para ser cada vez más coherentes entre lo que decimos y lo que vivimos. Así fue como dimos un paso más, al abrir la participación de los jóvenes a los ámbitos de decisión y coordinación institucional que usualmente están reservados para adultos y personas “con más experiencia”. Desde este año, la fundación está representada en ANONG (Asociación Nacional de ONGs) y la Mesa de Voluntariado, por voluntarios y voluntarias juveniles, quienes también participan del Directorio de la fundación y del Comité de Alianzas.  

Este proceso, inicialmente promovido desde el equipo ejecutivo ha adquirido fuerza propia, y hoy ya no tiene marcha atrás. Creo que estamos en un punto de no retorno, donde la antorcha de aquellos que estuvimos en la primera hora, hoy parece comenzar a convertirse en un “mar de fueguitos” integrado por personas de distintas generaciones. Justamente creo  que es en esta capacidad de  “encuentro intergeneracional”  donde radica  la clave de esta linda experiencia institucional que estamos construyendo. Un encuentro en donde hay espacio real para la participación de las distintas generaciones, y donde se trabaja por no excluir a nadie. 

Es difícil predecir cómo será el futuro, pues -afortunadamente-, no está escrito de antemano, y se trata de una construcción colectiva. Todavía nos falta mucho camino por recorrer y seguramente en el futuro podamos ampliar sobre lo que avizoramos en el horizonte. Lo que sí hoy está claro es que el círculo vuelve a cerrarse, y aquel CONCAUSA que nació de América Solidaria y por momentos tuvo vida propia – casi autónoma- hoy es parte de la fundación, transformando sus estructuras, sus dinámicas y hasta su propósito institucional. Tan es así, que luego de un largo proceso de reflexión institucional, en el que participaron todos los grupos de la fundación, llegamos a la construcción de un nuevo propósito para los próximos años: “Trabajar colaborativamente con las comunidades más excluidas del continente para promover el protagonismo de la niñez y adolescencia en el ejercicio y defensa de sus derechos”.  En eso estamos. 

 

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