Sin categoría|

Por. Lea Rodríguez

 

Mientras se congela el crecimiento económico, se dispara el desempleo y el endeudamiento fiscal se multiplica, es difícil encontrar ideas alentadoras para hablar de la erradicación de la pobreza en nuestro continente. El primero de los 17 objetivos de desarrollo sostenible pende de un hilo después de 8 meses de lucha contra el Coronavirus y sus consecuencias.

Los habitantes de América Latina y el Caribe tendrán que seguir esperando para que sus gobiernos puedan conjugar mejores políticas públicas, entregar protección social y asegurar el derecho de todos a alcanzar un nivel de vida digno. 

Pero ¿qué pasa con los casi 200 millones de latinoamericanos que ya no pueden esperar? Entre ellos, los 81 millones de niños, niñas y adolescentes que viven bajo la línea de la pobreza y dan la pelea a diario por seguir estudiando, por levantar a sus familias, por cambiar su suerte y acceder a un futuro mejor. 

Del actuar errático y la desesperanza de los adultos, esa generación ya ha aprendido que nadie va a regalarles el mundo que quieren; por eso son ellos los que toman sus oportunidades como pueden. Cruzan solos las fronteras, trabajan en los campos y en las calles para apoyar la economía familiar y hacen lo imposible por permanecer en la escuela. No son los “chicos pobres” que aparecen en las noticias, desvalidos o delincuentes, no están rendidos a su destino a pesar de su linaje acumulativo de frustraciones. Son fuertes y tienen un propósito claro y definido: cambiar el mundo.

A pesar de todas sus urgencias y apremios, a ellos y ellas no sólo les importa su bienestar. Son parte de una generación tocada por un sinnúmero de sindemias como la crisis climática, el coronavirus y los estallidos sociales. Son conscientes de su papel como ciudadanos, del cuidado del medio ambiente y del respeto a las diferencias. Como nadie en el mundo adulto, entienden la urgencia de un cambio profundo en el modo de ser de la humanidad.

En el día mundial de la erradicación de la pobreza, nuestra apuesta es por ellos y ellas, dándoles un voto de confianza. No queremos compadecerlos ni “darles lo que necesitan”; queremos ayudarlos a encontrar sus propios caminos para salir adelante y cumplir sus sueños. En América Solidaria llevamos 20 años levantando proyectos por la infancia vulnerada del continente y cinco con un trabajo especial en la participación de adolescentes en el desarrollo sustentable. A través de esa experiencia hemos constatado que ellos y ellas tienen las herramientas, la fuerza y sobre todo la conciencia para el cambio.

La propuesta es hacer foco en esos niños, niñas y jóvenes; en su protección y sobretodo en sus derechos, para que esa infancia que hoy es vulnerable pueda mañana guiar y proteger nuevas generaciones humanas. Esos niños, niñas y jóvenes necesitan trabajar hoy en sus habilidades para tomar las riendas de su vida, necesitan participar con urgencia en las decisiones que los atañen. No pueden esperar a que termine la pandemia o a que el principio de la autonomía progresiva se cumpla. Para ellos es de vida o muerte alcanzar la fortaleza necesaria para seguir adelante y empezar a fundar un mundo que funcione: sin pobreza, con equidad y dignidad. Si ellos y ellas no pueden, nadie podrá. 

 

Lea Rodríguez
Fundación América Solidaria
17 de octubre 2020

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Close Search Window