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Chile es un país profundamente desigual, especialmente cuando hablamos de niñez y ruralidad. Muchas veces, quienes viven la exclusión y las vulneraciones están en esas zonas, pero son constantemente invisibilizados. De hecho, según la Casen 2017, 37,4% de la niñez que habita en zonas rurales vive en situación de pobreza multidimensional, es decir, pueden no tener acceso a educación, salud o a una vivienda digna. 

Por eso, hace casi tres años, se inició un trabajo de colaboración con la fundación El Trampolín, un centro colaborador del Sename, ubicado en Curacautín, en La Araucanía, cuyo objetivo es la restitución y protección de los derechos de los niños, niñas y adolescentes que han sido vulnerados.

Laura Ramírez es licenciada en psicología y pedagogía, colombiana, y parte de la tercera de generación de profesionales voluntarios que trabaja en nuestro proyecto en La Araucanía, en conjunto con una trabajadora social y una pedagoga. Así explica lo que hacen en el sur de Chile: 

—Nuestro trabajo es fortalecer los recursos personales de los niños, niñas y adolescentes a través de la expresión y reconocimiento de sus emociones, y cómo se ven ellos mismos, además de fortalecer su autonomía —dice, y añade: —Además nos dedicamos a promover los liderazgos, apropiarse del territorio donde viven y de su comunidad, y también a que reconozcan los derechos que tienen y cuando están siendo afectados. 

Actualmente, debido a la pandemia mundial que estamos viviendo, todos los talleres se están haciendo de forma remota, resguardando la salud de nuestros profesionales voluntarios como también de los niños, niñas y adolescentes que atendemos en conjunto con El Trampolín. 

—Hoy es fundamental trabajar en este territorio, y lo seguirá siendo mientras los niños sigan viendo sus derechos vulnerados. Actualmente, esta es una zona donde está muy normalizado el consumo de alcohol y el machismo es muy preponderante. Eso ha generado que se presenten situaciones de violencia de género y, ante eso, es urgente apostar a cambiarlo, a despertar esas conciencias respecto a la imagen del otro —dice Laura Ramírez. 

Nuestro trabajo, si bien nos dice a diario la difícil situación que vive la niñez, también nos muestra que los cambios son posibles y profundamente significativos, y así lo muestran los datos: cuando iniciamos el proyecto, el 17% de los niños, niñas y adolescentes lograba identificar al menos tres características de sí mismos. Un año después, era el 70% de ellos. Algo similar ocurrió con la disposición que tenían para relacionarse con otros: al inicio era el 48% de ellos, y hoy es el 89%. 

¡En este video puedes conocer más!

 

 

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