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El Salvador es un país hermoso, pero con múltiples desigualdades. Hoy es el país más violento del continente y quienes viven esa violencia son especialmente los niños, niñas y adolescentes. Por eso, hace casi dos años pudimos cumplir algo que anhelábamos hace años: llegar allá y unirnos para disminuir los efectos de esa desigualdad y aportar a que sus vidas sean más dignas y felices.

—En El Salvador se personifican algunos de los dolores más profundo de América, como lo son la desigualdad, la falta de oportunidades o la violencia— dice Waleska Ureta, directora social de América Solidaria Chile, y agrega:

—Para nosotros resulta urgente combatir los efectos que esto tiene en los niños, niñas y adolescentes, en especial en relación a la vulneración de sus derechos y las limitaciones que enfrentan para poder desarrollarse de manera plena y feliz.

En 2018 partimos nuestro trabajo allá gracias al financiamiento del Fondo Chile, de la Agencia Chilena de Cooperación Internacional, y llegamos de la mano de Contextos, una organización salvadoreña que trabaja la literacidad, una metodología que promueve la lectura y escritura, convencidos de que esos procesos permiten resignificar vivencias, superarlas, aceptarlas.

Nuestro proyecto contempló tres líneas de intervención: inserción, prevención y sensibilización. Los primeros tres profesionales voluntarios llegaron a San Salvador en septiembre de 2018, y durante un año trabajaron en los cuatro centros de justicia juvenil del país, donde adolescentes salvadoreños cumplían diferentes condenas. Allí, junto a Contextos, crearon una biblioteca, realizaron talleres de escritura y se convirtieron en autores. Literalmente en autores: escribieron libros, cortos, sencillos, que reflejan sus vidas y quizás también a su país.

Los resultados, hasta ahora, son prometedores: los adolescentes mejoraron en un 48% sus habilidades socioemocionales, significando no sólo una mejora en su desarrollo sino también un mecanismo de prevención ante el deterioro del encierro. Además, se esperaba que participaran 40 funcionarios de los centros y participaron 71, superando la meta en un 125%. Y hoy, si bien nuestra línea de intervención pasó a otra etapa —de prevención— es un trabajo que se sigue realizando, pues se entregaron las herramientas para que sean ellos mismo quien continúen.

Luego de ese trabajo en los centros, que culminó en septiembre de 2019, nos dedicamos a trabajar en barrios que han sido profundamente golpeados por la pobreza y las pandillas. Así, replicamos la metodología con los niños, niñas y adolescentes de la comunidad de Apopa, al norte de San Salvador. Además, se comenzaría a trabajar la tercera fase: sensibilización. La idea era comenzar un trabajo con medios de comunicación y facultades de periodismo que permitiera transformar el relato que se entrega sobre aquellos niños, niñas y adolescentes, dotándolo de dignidad y disminuyendo los prejuicios existentes. Sin embargo, la aparición del coronavirus modificó esa línea, adecuándonos a las necesidades que surja en las comunidades donde trabajamos.

Nuestro trabajo allá, al igual que en todos los rincones en los que estamos en América, no es fácil. Muchas veces nos encontramos con las adversidades de esas realidades o pueden surgir crisis como las que estamos viviendo hoy, sin embargo, eso sólo nos reafirma lo que creemos porque lo hemos visto: colaborando podemos  construir un continente más justo, donde las vidas de los niños, niñas y adolescentes  sean dignas, felices y justas.

En estos links puedes conocer más:

¡Nuestro trabajo en El Salvador!

Nuestro trabajo en El Salvador: inserción adolescente 

Nuestro trabajo en El Salvador: prevención

Nuestros voluntarios y voluntarias

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