Las niñas y niños protagonistas de sus derechos

Internacional

Esto ocurrió en Chile… Fue como un despertar. Nos empezamos a refregar los ojos y, mientras se desempañaba nuestra mirada, constatamos el horror. No había palabras para describir a lo que habíamos llegado: en la “cima” del desarrollo de los niños y niñas más vulneradas -los mismos que se habían entregado al cuidado del Estado- estaban viviendo un infierno… Y, muchas de ellas y ellos, habían muerto, estaban muriendo, y lo siguen haciendo. No maticemos el dolor, no lo adornemos con explicaciones: sólo una muerte de un niño o niña es suficiente para borrar toda argumentación. “En tiempos de exclusión y barbarie sólo la exageración es verdadera”. Y aquí hubo exclusión, hubo barbarie, y la exageración ni siquiera se acerca a lo que sienten día a día esas cientos de niñas y niños. Se había creado una distopía en Chile: ese futuro que ayer se hubiera pensado una pesadilla. Pero esa distopía no es diferente a la de todo nuestro continente que permite que un 47% de las niñas y niños vivan en situación de pobreza.

Vivimos en una paradoja contemporánea que explica la vulneración de los derechos permanente de las niñas y niños en la siguiente ecuación: “Quienes tienen el poder no viven en pobreza, y quienes viven en pobreza no tienen el poder”. Estas palabras son de Edwin Maria John, sacerdote y activista por los derechos de la infancia en India a quien tuve la suerte de conocer hace algunos meses. Y en el caso de la infancia vulnerada se traduce en que los niños y niñas no son protagonistas de la defensa de sus derechos, y tampoco participan en la construcción de políticas públicas ni en las decisiones de los espacios en que habitan.

El desafío en América es alcanzar una infancia con voz y poder para decidir, respetada y que se hace respetar.  Las políticas debieran dejar de ser “para” la infancia y comenzar a ser “desde” los niños y niñas, diseñadas “por” ellas, coordinadas “con” ellos, evaluadas, adaptadas, reenfocadas…  con su consentimiento y protagonismo permanente.

¡¿Quién mejor que las niñas y niños que viven en Residencias -al resguardo del Estado- para participar en la decisión de qué tutor o tutora debieran cuidarles dependiendo del trato que les entregue? ¿Utopía?  Sí, como la que hoy impulsa a los Parlamentos Infantiles en India y les ha permitido ser protagonistas de detener matrimonios infantiles, acceder a puentes para ir al colegio, y articular a más de 200.000 niñas y niños que interlocutan permanentemente con las autoridades. ¿Utopía? Como la que han alcanzado cientos de escuelas públicas y privadas en el mundo en que las niñas y niños no sólo son protagonistas de la construcción de sus aprendizajes, sino también son parte de las decisiones de la dirección que toman las escuelas siendo parte de la gobernanza con voz y consentimiento de las decisiones que se toman. ¿Utopía? Sí. Y de aquellas posibles, de aquellas que ya han comenzado a ser exploradas y que cuentan con metodologías concretas, de aquellas que costarían mucho menos inversión y nos permitirían avanzar más rápido. ¿Utopía? Sí, aquella que seguramente no aceptarán muchas y muchos que hoy tienen el poder y que no están sufriendo.

Las organizaciones sociales, los servicios públicos, el Estado, las familias, la sociedad en general, debiéramos constatar en qué medida estamos o no estamos dando participación real a las y los niños. Si la respuesta a la pregunta de si “¿pueden influir en las decisiones que les afectan en mi institución?” es negativa, sabremos que tenemos un desafío urgente: permitirle a los niños y niñas que sean protagonistas de la defensa de sus derechos. Y, para eso, comenzar a hacer cambios radicales en nuestras estructuras y en nuestras culturas organizacionales.