Haití 22-10-2019

Sobre la crisis en Haití

Haití; bello país, lleno de buena gente, obligado a permanecer en una crisis y/o en estado de emergencia constantes, vuelve a estar sumido desde hace un poco más de un mes en una muy grave crisis económica, política y social.

 

Cuando se unen una tasa de inflación mensual que se mantiene en casi el 20%, la falta de consenso político para crear gobierno, la corrupción demostrada de muchos de sus dirigentes, la devaluación de la moneda con respecto al dólar americano, la mala gestión en el aprovisionamiento de combustible, la debilidad de las instituciones públicas para responder a sus responsabilidades, el aumento de la actividad de bandas cada vez más armadas, y otros factores menos visibles que impactan en la vida cotidiana, hacen que desde hace más de un año, los episodios de manifestaciones violentas sean recurrentes en Haití cada dos o tres meses.

 

Se están viviendo días muy complicados, muy difíciles. Estos días ya están pasando factura al país, factura que pagará todo el pueblo haitiano. Lamentablemente, lo más real es que vaya a pasar algún tiempo para retomar o encontrar una realidad social y política más estable y pacífica. 

 

En esta ocasión las consecuencias inmediatas desde el 16 de septiembre son: 17 personas muertas, 189 personas heridas, la mayoría por bala (Fuente: Red Nacional de Defensa de Derechos Humanos – RNDDH, publicado el 3 de octubre), un aumento exponencial de actos violentos e inseguridad ciudadana, la inquietante escasez de agua potable y de gas propano a nivel nacional, por no hablar de las pérdidas materiales por el pillaje y quema de bienes tanto de instituciones privadas, como públicas.

 

Las consecuencias a medio plazo están por llegar, pero ya se vislumbra que la tasa de inflación volverá a dispararse. Los precios se están multiplicando de forma vertiginosa estos días. Hace dos meses renovar la licencia de conducir costaba 1.000 HTG (cerca de los 10usd), hoy nos han pedido 3.500 HTG (casi 32usd), por poner el ejemplo del precio de un servicio ofrecido por una institución pública.  

 

La capital, Puerto Príncipe, se convirtió ya hace tiempo en una ciudad difícil, dura, contaminada, pero respecto otras localidades siempre es más fácil encontrar todo lo necesario para vivir. En las zonas rurales, así como en el resto de ciudades del país, además de manifestaciones igual o más violentas, están sufriendo un desabastecimiento general provocado por el estado de inseguridad en el que estamos inmersos, a veces de forma atroz, impidiendo el transporte de mercancías (frutas, verduras, combustible, agua potable, papel del baño… Todo) por los constantes cortes de carreteras.

 

Estos cortes a veces son para todos, otras para los que no quieren o pueden pagar el “laissez-passer”, obligada cuota determinada por las personas que cortan la carretera (la mayoría de las veces, fuertemente armadas) para poder atravesar la barricada en cuestión. En ocasiones son capaces de hacer parar un camión, quedarse con la mercancía y además, atravesarlo en la vía e impedir el paso del resto de vehículos (las pérdidas se van multiplicando). En otras,  sencillamente, al pasar por algún punto los vehículos reciben una lluvia de piedras, cuando no son balas.

 

En las manos de los agricultores se están pudriendo las frutas y verduras preparadas para vender y que no pueden ya comer, esperando que en algún momento del día puedan ser distribuidas y así encontrar sustento para sus familias o pagar el colegio de sus hijos e hijas. Los colegios, llevan mes y medio cerrados... Amenazados. La mayor parte del profesorado cobra por horas lectivas, sus manos están vacías. Mientras, al resto de la población se les agrandan los huecos que ya tenían en el vientre y el corazón.

 

Los famosos daños colaterales que existen en todos los conflictos van a hacer que Haití vuelva a romper de nuevo las ya reventadas listas de los más pobres, los más indefensos, los más vulnerados, los más… Los más graves efectos caerán de nuevo sobre los niños y las niñas de este país que se quedan sin comer, sin aprender, sin sistema sanitario y con una dolorosa desesperanza en el futuro. 

 

Citando una de las conclusiones de un breve informe presentado por OCHA (UN Office for the Coordination of Humanitarian Affairs) el 2 de octubre, podemos constatar que para esta institución “La protección infantil, es una preocupación importante: los servicios sociales básicos, como salud y educación, están interrumpidos en todo el país, dejando además a todos los niños, niñas y adolescentes, en riesgo de ser abusados o reclutados por pandillas. Miles de niños y niñas están seriamente afectados por la escasez de productos básicos”. Esta preocupación es compartida por América Solidaria, así como por otras muchas organizaciones de la sociedad civil que trabajan apoyando la lucha por una sociedad más justa en Haití.  El riesgo de crisis humanitaria del que algunas instituciones hablan, para nosotros ha dejado de ser  "riesgo".

 

Pero Haití; bello país, lleno de buena gente, sigue luchando para encontrar el país que quiere, el país que desea. Durante estos días, decenas de miles de personas, pacíficamente, reivindican, claman y reclaman justicia. Haití lo conforma quienes creen que en la educación está el poder de la transformación, quienes buscan una vida digna. Son ellos y ellas, cientos de miles, quienes hacen de Haití un pueblo fuerte y valiente, que se cura las heridas a base de humor, amor y solidaridad mutua.

 

Y aunque pareciera estar de más, vale recordar que por esto y muchas razones más, en Haití, el compromiso de trabajo de América Solidaria por la eliminación de la pobreza infantil hoy es más URGENTE que nunca.


Kenbe rèd, pa moli!

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